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Wednesday, October 15, 2003

Lo malo de tener amigas lesbianas es que uno nunca sabe en qué coño están pensando...

¿Otra vez? ¿Hemos vuelto?

Thursday, September 18, 2003

ora sí que un poema de amor, como dice la caroline kizer (spokane, washington, 1925)

pensé
que cuando la luna se llenara
estaría otra vez entre tus brazos.

pero no.

estoy en brazos de otra persona
y ni siquiera volteamos
a ver la luna.

(versión del johnny tecate)
(cada cosa que llega por mail, pues'n)

Wednesday, September 17, 2003

Todos mis muñecos -excepto Garfield- me están mirando atentos. Puede que estén contentos de mi regreso. Puede que no me perdonen tan larga ausencia y hayan complotado un ataque.
Podrían conmigo:
Bear the gay
La Hinchada Solitaria
La Muerta
La Abuela Molendera
Las Siete Catarinas
El Perrito Viajero de Berlín
El Hada
El Monito Tejido
La Catarina de Dedo
La Gioconda
La Viborita Oaxaqueña
El Ymaró
Incluso la Reserva de Hilo Rojo, que sin ser muñeco es mascota.
La única a quien sé incapaz de traición es a Mafalda. Y eso porque está demasiado vieja, demasiado acostumbrada a mí.
Pero, insisto, tal vez están contentos, y me dan la bienvenida.
Ante el insomnio: el toque de queda

Monday, September 15, 2003

¿Cuál será mi grito de independencia?

Si andamos todos buscando la senda de Hansel y Gretel si andamos todos niños que han adultecido sin notarlo, buscando el brillo de las piedritas bajo la luna. Agachados en nuestros cuerpos demasiado grandes, inclinamos la columna, y entonces te brilla una senda... una auténtica senda brilla al menos una vez en la vida.

¿Cuál será hoy que es quince pues, mi grito de independencia?
Como con mi madre. Me cuenta una historia extrañí­sima, que le pone una pieza clave al puzzle de mi vida. Ahi va:

En Italia, en siglos pasados, a los expósitos sin nombre les bautizaban con motes infamantes: (Juan Verga, Andrés Mamón, serían ejemplos en español). Pues bien, el primer antecedente del que se tiene noticia de que alguien llevara el apellido de mi madre es el de un obispo, de origen expósito.

El apellido de mi madre, hoy lo supe por su boca, significa una obscenidad en italiano. Y la raíz más antigua de la familia se extiende hasta un expósito.

¡¡¡Somos miembros de la más baja ralea genealógica!!

Es casi como haber recibido un título nobiliario al revés.

Mi historia acaba de sufrir un revés; mi versión de la historia microcósmica se está moviendo, ¡siento la idea cimbrarse como un gusano en mi espíritu!

Desciendo por madre de un expósito de apellido infamante.

¡¡¡¡¡¡¡UUUAAAUUU!!!!! No cualquiera.

Saturday, September 13, 2003

Atardecer de ayer, caminando por el malecón:
un chavo: -¿te interesa el ámbar?
yo: -depende. ¿como para qué?
el chavo: -el ámbar es una resina prehistórica, tiene muchos poderes energéticos
yo: -ah
el chavo: -¿te interesa ver algo de ambar?
yo: -no tengo dinero.
el chavo: -ah, chido. ¿a dónde vas?
yo: -a tomarme una cerveza
el chavo: -entonces sí tienes dinero
yo: -sí. adiós
el chavo: -¿me invitas una cerveza?
yo: -no
el chavo: -¿por qué?
yo: -no me interesa el ambar
el chavo: -ah, órale, hasta luego
Aquí en la playa el servicio es lento por donde lo quieras ver. Los cafés vienen literalmente de Chiapas, y a pie. Hoy por la mañana me levanté tempranísimo, nadé un ratote y hablé para que me subieran un jugo de naranja (he descubierto que es absolutamente inútil pedir que no le pongan hielo: jamás registran tan insólita petición, además de que se corre el riesgo de que la chabela contenga una especie de caldo anaranjado y humeante), y una jarra de café. A todas luces un pedido sencillo, modesto, poca cosa para un restaurante con arriba de cuarenta mesas y armado con ocho meseros.
Esperé
Esperé
Esperé
Vino un chavo a decirme que si iba a pagar en efectivo, con tarjeta o firmaría mi cuenta.
Firmaría mi cuenta.
Bajó
Esperé
Esperé
Esperé
Subió un segundo chavo (Gregorio, decía un pin en su camisa) a decirme que estaban un poquito retrasados, que ya venía mi servicio.
Me pregunté por qué no habría agarrado cualquier jugo de la charola (los tienen servidos desde temprano) y un poco de café (no menos de cuarenta litros le caben a su cafetera).
Se lo pregunté a él.
No lo sabía.
Bajó.
Esperé
Esperé
Esperé
El sol se había puesto a lucir con su acostumbrada impiedad en estos sitios. Me derretía, y un señor guatemalteco, que nadaba en camiseta y sin quitarse los lentes, me estaba sonriendo de una forma amenazante.
Comencé a sentirme incómoda. No menos de cinco empleados limpiaban, regaban, frotaban trapos en las sillas, ya inmaculadas, del solarium, y me sonreían de una forma amenazante, estrechando el círculo a mi alrededor.
De pronto mi bikini me pareció un poco pequeño.
Huí hacia un café desconocido y me puse a chatear con unas doctoras uruguayas muy simpáticas que viven en Sevilla, son pareja y hacen trabajo voluntario con niños magrebíes y gitanos.

Friday, September 12, 2003

Alguien escribía hace varios siglos:

Necesito un hombre elegante
de gestos confortables
seguros
que una aprende a esperar.
Importa también que lo sepa:
el tiempo juega en favor
que sepa
tomar providencias
para la bienaventuranza
y que despliegue magnífica
la escucha atenta
alerta.

Un hombre con desgracias propias
y esclavitudes secretas
lleva con prestancia sus dolores
sin fingir
sin tropiezo
es hábil en el manejo del pudor
y del elogio;
discreción absoluta/precisa la memoria
la risa puesta en equilibrio
puente perfecto de fuera y dentro
lo salvaje y el ahora.
Necesito.

¿La deuda eterna? ¿La duda externa?

Otra vez la ventana: mi ventana. Vivo a la altura de los pájaros, al filo de la duda. Todo el rato.
El enamoramiento es una cosa rara. A veces parece que desaparece. Como el viento cuando es verano en, por ejemplo, Buenos Aires o Mérida, y uno piensa que no va a moverse nada, nunca más.
Y de pronto se levanta una brisa, venida de quién sabe dónde, y empieza a soplar las hojas, a levantar los papeles y las miradas, y uno descubre que los árboles han comenzado a mover sus ramas para hacer el viento.
Así el amor: hay que saber pasar las tardes de bochorno, y las noches inmóviles.
El viento viene, y a veces también la tormenta.
Mientras los pretendientes le deg[uellan a telémaco los flexípedes bueyes, en mi cabeza sin amo ni rienda ni paz ni orden ni concierto, los demonios se comportan de tal suerte que no dejan nada en pie ni hueso sano.

Y me devoran la hacienda, sin padre que responda de mi suerte.
A veces pienso, en momentos de debilidad extrema, si este sistema de pensamiento, al que me empeño en pertenecer, que me empeño en haber descubierto (es decir, esto de la dualidad, del pensamiento diverso, analógico, que permite que todo suceda a la vez) no será sino un escape, una claudicación ante la posibilidad de sufrir la más atroz de las derrotas, un recurso, diría mi muy judía ex terapeuta, a quien abandoné sin avisar.

Sucede que en este sistema la traición es imposible, nbo hay nada que traicionar, no hay pacto, tan disgregadas están mis catarinas. (recuerdo una frase anarquista de mi adolescencia: "si no quereis que unos hombres opriman a otros, heced que no tengan nunca el poder de oprimirlos", y este pensamiento anula la posibilidad de la represión, inhabilita el mecanismo de culpa y culpables)

Inmediatamente surgen un par de amigos mentales (pero mi mente es un imperio, del cual no conozco sus fronteras: tu mente es un poblado y la mía un imperio, cabrón, seas quien seas) que me dicen que no, que siga. Que sólo es un bache, que no debo descuidar la elegancia de mi pensamiento.
Y entre el desierto y el mar está ella, bailando en sus ropas negras de la ciudad, con el pelo alacraneando -negro también- en su cara, en su cara que arde y punza.
Anoche, en la fiebre, debo haberme levantado y mi cabeza golpar con algo: la tele cuelga del techo a una altura peligrosa para una chica grande como yo. Amanecí con la almohada cuajada de sangre seca, mechones pegados, y no volveré a desearle nunca, a nadie, el terror: levantarse y los tres segundos más atroces que treinta años juntos, frente al espejo, vértigo de no entrender nada, con un dolor de infierno en el ojo y la cara negra de sangre, de mi sangre.

Pasé media hora tratando de lavar la funda: no se limpió. La dejé en remojo, salí a la calle, y cuando llegué el cuarto estaba hecho y el aire acondicionado prendido; una nueva caja de kleenex, dos botellitas de agua cerradas y la aterradora sensación de que nada ha sucedido.
Anoche, en la fiebre, debo haberme levfantado y mi cabeza golpeó con algo: la tele cuelga del techo a una altura peligrosa para una chica grande como yo. Amanecí con la almohada cuajada de sangre seca, mechones pegados, y no volveré a desearle nunca, a nadie, el terror: levantarse y los tres segundos más atroces que treinta años juntos, frente al espejo, sin entrender nada, con un dolor de infierno en el ojo y la cara negra de sangre, de mi sangre.

Alguien (una señora) acaba de felicitarme por mi manejo de la "quinta disciplina". Le pregunté qué coño era eso, y me dijo que la capacidad de manejar la experiencia y saberes de los grupos con que trabajo. ¡Verga!
Mi última batalla de esta guerra. Chingada suerte, diría mi primo.
Atiza
Caspita
Corcholis
Recorcholis
Caracoles
carajo
carajo
carajo
diría yo
pero yo uso la palabra 'carajo' como síntoma (quise decir sinónimo) de 'capricho'. Ejemplo: tengo un carajo desde hace rato que me tengo que cumplir algún día. Otro ejemplo: estoy encarajada con irme en barco a Maracaibo. Otro ejemplo-cita: "el más sagrado berretín (carajo) cósmico: desear vivir todas las vidas, sabiéndose condenado a una sola."
Seres invisibles tejen mi paz, todo el tiempo.

Entre el desierto y el mar, ella baila en su ropa negra, ella canta y luego no, con el pelo (que empieza a crecer otra vez) alacraneando de negro su cara que arde, y da vueltas, entre el desierto y el mar.
Como cuando era niña, mi madre acababa de dejarnos y vivíamos en el campo, en casa de mis tíos: quiero que alguien me llame por teléfono.

Anoche debo haberme levantado y mi cabeza golpear fuerte con algo, en el delirio: la tele pende del techo a una altura peligrosa para una chica grande como yo.

Esta mañana la almohada amanecio cuajada de sangre seca, el pelo pegado. No entendi, no volvere a desear el terror a nadie: los tres segundos atroces como treinta años, de vertigo frente al espejo, un dolor de infierno en el ojo y la cara negra de sangre, de mi sangre...

¿me habré muerto? ¿habrá alguien, anoche, dado su vida por la mía en algún lugar desconocido? (¿un amigo, un gato?)
Cuando trabajaba en PPP (Políticas Públicas en Pediatría), las reuniones fuera de la ciudad eran mucho más cargadas de acontecimientos, las palabras dichas de cerca quedaban con un peso inaudito enturbiando los pasillos.
Nos entendíamos menos, tal vez, y era difícil perdonar. Éramos más jóvenes, no sabíamos beber, nos perdonábamos poco.

Con los años uno no cambia, va plegándose a los vericuetos extraños de la fraternidad, pierde en metas y maneja cada vez más rápido. Ya no se piensa nada al meter los cambios: ni en el punto de llegada, ni en lo que se deja atrás. Cobran importancia los árboles junto al camino, eso es todo, y la conversación con el copiloto. Con los invisibles de adentro.

Cuando estaba en PPP nos queríamos menos, con intensidad y rencor, pero menos.

Orgullo modesto de querer con maestría a los amigos.
FIEBRE
Anoche tuve fiebre. Y revelación. Caballos de mar escribían sobre las paredes (caballos de mar que eran hipocampos, pero no tanto, y que eran alacranes por momentos), escribían con letras desconocidas palabras que entendí y que contaban la traición. Aterrada por cada uno de los mil quinientos kilómetros que hay de aquí a mi casa, ví grandes hombres acostándose con mujeres pequeñas, fumando. Teléfonos sonaban en habitaciones vacías, como en una rola de Sumo, y mi brazo era tan corto como un pepino de mar, jamás alcancé el tubo. Alguien hablaba de mi cuenta, de los camarones. En las paredes se escribía la derrota.

Transito periódicamente por estas despedidas atroces, ficticias. Se me pide cada tanto que desee morir.

Varada en el paraíso atroz. Golfo turquesa de un lado, desierto del otro, y en medio flota la incertidumbre de los nombres. El abandono. Ya no tengo nada que hacer aquí, estoy sola y muy enferma: no hay pasajes de vuelta. Espero mirando al mar y respiro con dolor.

Aguanto. Si no está pasando ya, pasará en cualquier momento. He sabido siempre creer en los delirios. Cuantimás si incluyen hipocampos.

Sunday, September 07, 2003

Recientemente conquistada la libertad de ser dos y estar por completo entrambos, me acompaña cada vez más frecuentemente a la constatación del mundo.
Sobre la importancia de los Kalkitos en la formación de escritores

Recuerdo los Kalkitos, esas revistitas con puro paisaje, sólo background, y una planchita de estampas que había que traspasar a la revista. La maravilla -de tintes divinos- de decidir dónde colocar a los personajes, auténtica pequeña creación.

Los principios de la escritura: armar y rearmar con elementos dados, sobre un contexto dado.

Mundo virgen, los fondos de los Kalkitos presentaban, según la historieta, desiertos (Correcaminos), montañas (Oso Yogui), aldeas pitufas, autocinemas, al aire libre (crecí a sabiendas de que tales cosas existían, pero jamás pisé uno) donde chicas rubias de patines acercan malteadas y hamburguesas a los convertibles, etc.

Las atmósferas pueden también reconocerse en esta lectura de los Kalkitos. Uno de los más endiabladamente difíciles elementos de la literatura, se acerca al futuro escritor por medio de la posibilidad de observar el paisaje sobre el cual (¿desde el cual?) aparecerá su obra, sin la presencia de los personajes, de la acción.
Dixit
Esta sensación de orgullo, de casi ferocidad que da el éxito profesional...

Joven y audaz funcionaria del Sektor Salud

Friday, September 05, 2003

Noche de gran felicidad: mail del Giordi, que me abre a la más gloriosa oportunidad de cumplirme el capricho cósmico: las ambas patrias son posibles. Brindo con xtabentún, brindo a la salud, de tan feliz brindo a la salud universal (y sobre todo a la salud financiera del Sektor Sakud)
Mi auténtica meta profesional: convertirme de pleno derecho al bando de los Mamones Solventes.
¿qué fue de las siete enfermeras locas, de la Señorita Cora?
Pues todas se renacen en el viaje, nomás es cosa de querer conversar, de mantener abierta la carretera de la dualidad, el doble brillo para ver que lo que parece es, y lo que es, parece. Única manera de sonreír sin riesgo de parálisis facial
Vallarta
el que esté libre de piedras, que tire el primer prejuicio

todo es un concepto que siempre puede ampliarse

Thursday, August 28, 2003

Nayarit
Amado Nervo hecho cachitos

Si tú me dices ven, lo dejo todo...
no volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada...
Pero dímelo fuerte, de tal modo
que tu voz como toque de llamada
vibre hasta el más íntimo recodo del ser,
levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.
Si tú me dices ven, todo lo dejo...
Nada se ha visto más tierno que la indefensión enardecida
la noción del otro reverdece como el lirio
tenaz escupida de pantano
acecha y enmudece
al roedor, pobrecito,
mamìfero pequeño de un sólo par de ojos.

Wednesday, August 27, 2003

Rumbo a los aeropuertos de piso brillante, me olvido poco a poco tras los lentes oscuros y el traje sastre. Pesa como nunca el maletín cuando lo carga alguien detrás, con paso menudo y pensamientos peligrosos. Me sumo en el silencio que conozco, solita y sola meciendo a la muñeca que es la infancia, que es la otra cara -total y despojada- de esta moneda que lleva impreso en su lado público el celular, la mascada, la laptop y las carpetas, la alfombra y sillas de moño.

Desde la mesa de caoba pienso, pienso de más.
La falta de elegancia molesta, como una bolita resistente en la garganta. Entristece un poco el brillo de los dientes, no ayuda.

Elegante es disimular la ausencia de fineza, también; el extremo de la elegancia es no desear, anular la expectativa, oídos sordos y sonrisa frente al tropezón. Cooperar con el viaje ajeno, no subordinarse jamás a la circunstancia.

Elegante es no mentir.

¿Quién puede saber cuánto adelgazará al animal una palabra mal puesta, cuánto entorpecerá su paso de reina?
Soñar viajes significa viajes.
Hasta para soñar se requiere prestancia.

Desolación y mediodía, todo un tópico infernal, el trópico infernal.
También en el paraíso se sufre.

Tuesday, August 26, 2003

He visto de frente al diablo: una ilusión quiere atraparme, y me defiendo a punta de pura esperanza.
Todo va mucho mejor esta semana
Nuevamente escribo desde el mundo del dinero. El mundo del Gran Turismo, esa categorí­a supranacional que exige y garantiza suavidad extrema, uniforme en los materiales (mármol, bronce, telas pesadas, empleadas de talle leve, conserjes untuosos y buen inglés), en la iluminación, el bar espléndido, la minucia en los postres; la ilusión de lo irrestricto.
Siéntase cómodo hasta el hartazgo, buscamos afanosamente remediar su spleen.
Hay un punto de delirio que alcanzo a veces, el vago disfrute de no saber si camino en Bruselas, en Caracas, en Mérida, Miami o Sidney. Cuidado con no sentirse perfectamente a gusto: podría significar que uno no sabe vivir.
Duermo estos días con una muchacha flaca. Nació con la culpa en los huesos, es claro que vive para cumplir con un deber penoso. Desesperada, desespera sus alrededores; una muchacha irremediable, capaz de belleza y fealdades extremas.
Su fragilidad empecinada me despierta una madre desconocida, y parece saber antes que yo mi compasión.
Duermo estas noches con una muchacha a quien le falta un pedazo, para siempre. Alguien olvidó enterrar su ombligo, calentar su leche. Cada beso, cada gesto es un recordatorio de todo aquello que faltó y que faltará ya para siempre, y el amor le duele como a un perro flaco, como a un tigre viudo.

Saturday, August 02, 2003

En el espejo, por la mañana

Ya soy más como voy a ser
que como debí haber sido.
Vivir con lo que hay
(Últimamente no hay nada)
si no está bien ahora
right now
no podrá estar bien después
y eso es verdad ahora
nada de Masadelante
nada de mentiras
nada de espanto
porque siempre es ahora
ahora es cuando
siempre ahora es cuando
(y está bien, es este cuando sin acento)
¿Por qué necesitamos que nos hablen bien de nosotros mismos?
Hay en el ego una parte tierna, que mueve a compasión por la propia ingenuidad: el intenso placer de saberse imaginada por el otro.
La única garantía, para las almas de frágil raíz, de que se existe en el mundo, de que se posee peso, textura, volumen, realidad.
Posibles disfraces

1) Disfraz de labriega flamenca del Siglo XV
2) Disfraz de loro blanco de Madagascar
3) Disfraz de panadera de Missouri
4) Disfraz de fenómeno meteorológico (o su variante extrema: desastre natural)
5) Disfraz de tú
6) Disfraz de contra
La danza de la sujeción, del intercambio, de la deuda: la más triste de las muertes seguras. Triste como la muerte segura.

En una modesta cosmogonía de departamento
el fuego fue mi padre; la tierra mi madre; el agua mi hermana y el aire yo.

Y Berta un satélite siempre.

En estos días hablo con mi madre para preguntar por nuestras enfermedades. Para rivalizar (amorosamente, eso sí) en nuestras enfermedades.

Luchamos encarnizadamente por el puesto de la fragilidad.

La política: nadie va a entender lo que no ve, nadie verá lo que no entiende. Sin tener a dónde ir, y no ver nada...

Hoy me levanté temprano y fresca. Instintivamente preparé la casa como para una gran fiesta, como para una mirada importante, una visita.

Descubrí el fuego. Encendí el fuego, mientras pensaba en mi padre, derrochador involuntario de las cosas esenciales: el agua, el fuego. Restos del campo prendidos a su alma y a su instinto armaban su estar citadino con una parsimonia, una elegancia y una pausa. Mi padre encendía fuego desde un buen rato antes de poner la cafetera. Y cuando la sacaba del fuego lo dejaba (bajito, eso sí), encendido.

En casa de mi padre la estufa estaba prendida permanentemente mientras él trabajaba y estaba: el fuego de verdad no es instantáneo. Lleva un trabajo y un esfuerzo, sin el cual no somos merecedores del fuego. Y cuando terminamos de servirnos de él, hay que mantenerlo encendido, como una responsabilidad sin la cual no somos merecedores del fuego.

Si yo le hubiera tirado este choro a mi padre, se me quedaría viendo, haciendo un esfuerzo auténtico, de esos que muy poca gente hace por uno a lo largo de la vida, para entender (...sin embargo, para él usar horas de agua para bañarse, usar litros y litros de gas para calentar agua, preferir siempre las luces muy pequeñas o apagadas por la noche, guardar un silencio interior sagrado al atardecer, eran actos completamente instintivos, de los que nunca se separó, ni siquiera en lo más duro de la enfermedad). Y después nos habríamos encontrado en una sonrisa contenida y una mirada de burla mutua y compartida, que revienta en chiste negro y carcajada.

Y es con estos jirones de campo, estos restos de alma que mi padre tenía, que se trenzó también a la mariguana, a la infancia. Hebras de ciudad, hebras de campo; hebras de aristocracia, hebras de pobreza; hebras de altivez, hebras de fragilidad extrema, de ferocidad y compasión. Y fue siempre un chico voluntarioso y asustado,* al margen de las lógicas aterradoras de médicos, procedimientos, esperas y papeles de hospital.

No murió como quería, no se soñó así: se soñó siempre para no temerse así.

A veces siento que no pude, que no logré elevar un poco la estatura de su muerte hacia la altura de su vida. Y a veces no siento, a veces sé que somos muy pequeñitos.

*Todas las personas nos hemos forjado en una edad determinada, en un nudo. Conozco a alguien que ya siempre tendrá diecisiete; hay incluso quien tiene más de cuarenta sin haber llegado a los treinta. En ese lugar, mi padre siempre fue un hombre de ocho años.


Sunday, July 20, 2003

Mi hermana Lalú se insinúa a contraluz, y el pulso se me bota. Me queman las piernas.
Dos gotas de mercurio sobre el vidrio. No hay más suerte que el destino, y de ahí para adelante.
Para entender el tránsito continuo entre el hombre y el animal, para vivir los días que faltan, Gilgamesh.

Encontrar sin buscar a quien aprenda a dormir en su hombro, a aquel capaz de contar, con los ojos cerrados, sus lunares, morder por fin la fruta, las hebras de la felicidad. Lado a lado y frente a frente, mirar a los ojos a Ese Gran Hombre, y dormirse en la caída libre, con toda la sonrisa puesta...
Chapultepec
De regreso del viaje este domingo, pienso en mis primos:

Mi primo poeta, James Dean de plastilina
Mis dos primas mamás, que viven juntas
Mi prima gorda, de los suburbios
Mi prima, mamá adolescente, con su mamá
Mi primo esquizofrénico, ángel sucio
Mi prima pacheca y epiléptica, una prima nueva
Mi prima vecina, la que volvió
Mi primo asesinado a la orilla del río
Mi primo guitarrista, en Panamá
Mi prima guapa, en Touluse
Mi primo el grande, sentado con las piernas encogidas
Mi primo huérfano, desde la foto
Mi primo pequeño, niño zapatista

Ya nunca fuimos un domingo a Chapultepec.

Thursday, July 17, 2003

Una velada confortablemente insensible...


Mienten las revistas femeninas
La piel, con los años, lejos de aflojarse, se aprieta. ¿tratamientos para endurecer, cuando la única lucha posible es contra el endurecimiento veloz?
Ningun aguadarse, nada de tejidos relajándose. Los treintas, el momento en que se supone que el cuerpo empieza a ceder, a aflojar, son el momento en que el cuerpo empieza a apretar.
Verdaderamente fuerte.

Compró un tapete morado para el baño. Era un tapete de esos peluditos, casi aterciopelados, para salir de la ducha.
Mientras pensaba dónde colocarlo, supo que no quería que todo el mundo lo estuviera pisando al entrar. Veía en su mente con nitidez los zapatos de Alfredo aplastar las hebrillas. Había algo de maldad en el gesto, como si aplastara flores vivas. Era extraño, porque casi no conócía a Alfredo; de hecho, si no recordaba mal, había ido sólo dos veces a la casa.
¿o eran tres?

Tuesday, July 15, 2003

En los dientes irregulares
en los pozos tapados
en las cordilleras que nadie trepa.



Funcionamiento del mundo
Las puertas están en la realidad, pero las llaves sólo se encuentran en la ficción.


Me he encontrado a otro viajero. No va conmigo, andamos solos. Pero hemos estado en sitios parecidos; conversamos los paisajes comunes, serenamente
y nadie cree que sea cierto.




Validar la ficción.
Ensanchar la frontera como una ocupación de por vida.
No perseguir sino una joya: la mudanza de una leyenda, una sola, local, modesta leyenda, a las tierras de lo real objetivo, de lo que puede argumentarse, documentarse, lograr su instalación de este lado impecablemente referenciada.

Uno de los más sagrados caprichos cósmicos; un encarajamiento sideral. Ganar para este lado ficciones que confirman lo ficticio de la realidad.

Que alguien cruce su corazón sobre una invención nacida incierta, y minuciosamente trabajada hasta convertirla en realidad.

Que alguien que no conozco jure convencido sobre una ficción conciente.
Las puertas estan en la realidad, pero las llaves sólo se encuentran en la ficción.

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